El cambio es una certeza

Incertidumbre.

La incertidumbre es un estado del conocimiento que manifiesta una limitación acerca de una condición que está por suceder. Implicando así una previsibilidad imperfecta de un hecho futuro.

Ser padre o madre implica cierto grado de incertidumbre. Afrontar un nuevo reto profesional genera dudas y lagunas en nuestra previsión sobre cómo será y esto genera incertidumbre. Innovar en una organización supone asumir cambios y cuestionar lo que hasta ahora hemos estado haciendo y esto también genera incertidumbre. Es decir, vivimos en un mar de cambios e incertidumbre, pero QUIZÁS eso no tiene por qué ser malo.

La vida es una permanente exposición a lo inesperado. Donde muchos ven un bloqueo por miedo, otros disfrutan de una oportunidad para evolucionar.

Siempre pensamos que los accidentes y rarezas son poco frecuentes sin embargo forman parte de nuestra realidad. Casi todos reaccionamos de la misma manera ante una situación de incertidumbre. Intentamos recuperar el control. Creemos que de esta manera podemos tomar el control y dominar los acontecimientos, pero lo cierto es que no podemos gobernar el futuro,  al intentarlo acabamos agotados física, mental y espiritualmente. Y QUIZÁS no sea este el camino.

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La aventura de vivir.

El mundo cambia, nosotros, nuestros hijos y nuestras empresas cambian.

Pero anhelamos la calma, buscando esa artificial “zona de confort”. Un lugar donde creemos tener control y seguridad aunque solo sea como ilusión. Sin seguridad nos sentimos estresados y ansiosos, en cambio es en estas situaciones cuando se potencia más la creatividad y la imaginación.

Si aceptamos que la vida es cambio y sorpresa constante, podremos navegar en el torrente de nuevas posibilidades que nos llevarán al futuro. Visto así QUZÁS los cambios no sean tan malos como nos cuentan y formen parte del proceso de vivir.